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martes, 7 de febrero de 2012

La importancia del formador


¿Cuántas veces echamos de menos mayor preparación en los responsables de formación en nuestras parroquias y comunidades? ¿Cuántas veces nos contentamos con la buena voluntad?

Es cierto que el Espíritu Santo es muy capaz de actuar incluso a través de nuestra inexperiencia y hasta ineptitud. Pero para eso hay que dejarle hacerlo y no siempre nos reconocemos necesitados de su ayuda.

Se celebra estos días en Roma, organizada por la Universidad de la Santa Cruz, una semana de estudio y debate dirigida a los formadores de seminarios, con el fin de “reflexionar sobre cómo tiene que ser estructurado el gobierno del seminario para responder a los desafíos actuales, donde no falta una secularización incluso agresiva, y para encontrar propuestas adecuadas”.

Señalan los organizadores que “ésta es la llave de todo: quiénes son los formadores, qué deben hacer y cómo el rector tiene que gestionar el equipo de formadores”. Así, el problema mayor en la gestión de los seminarios “es el de encontrar formadores adecuados, porque el clero no es tan abundante, particularmente en Europa”, aunque eso suponga apartar de las parroquias a los sacerdotes mejor preparados: “la mejor inversión es en el seminario”.

Quizá muchos de los males que aquejan hoy a la Iglesia —y al mundo— podrían haber sido atajados en los seminarios. Pero no sólo en ellos.

La formación de los futuros sacerdotes es vital. Y la idoneidad de sus formadores es la primera piedra. Pero también es esencial la formación del Pueblo. Y de la misma manera, la elección de sus formadores.

Catequistas, monitores y educadores, voluntarios,... Su labor es de agradecer. El tiempo que dedican, hurtándolo en ocasiones a otras cuestiones también importantes. ¡Claro que hay que ser agradecidos! Pero también exigentes. ¡No puede ser cualquiera! No es cuestión de castas, élites o menosprecios, sino de responsabilidad.

El refranero popular advierte que nadie puede dar lo que no tiene. Deberíamos cuidar más la decisión sobre a quién encargamos aspectos de formación pastoral. Y deberíamos preocuparnos de la propia preparación espiritual y técnica de estas personas. Que nadie se engañe. No hacemos ningún bien a nadie actuando de otra forma...

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