En vivo y en directo. Autocrítica sin tapujos, llamando a las cosas por su nombre. Basta de excusarse en el mundo, la vida o la sociedad. ¿Acaso no formamos parte del mundo? ¿No somos dueños de nuestra vida? ¿No somos los que sostenemos esta sociedad?

martes, 12 de junio de 2012

Por el suelo y pisoteados


Leyendo el Evangelio de hoy y viendo el clima anticlerical y la “fama” que buena parte de la sociedad cuelga a la Iglesia —lo siento, pero en este aspecto no deberíamos hacer distingos entre jerarquía y resto del pueblo de Dios— uno no puede dejar de preguntarse sobre nuestra propia responsabilidad en ser arrojados al suelo y pisoteados. Uno no puede dejar de plantearse si, además de por desconocimiento, odio y cualquiera otra causa injusta, esto no ocurre, también, porque nos hemos ido convirtiendo en sal que no sazona, que ha perdido, como mínimo, parte de su sabor.

En un mundo —miren a su alrededor— necesitado de Dios más que nunca, uno se pregunta si tanto ataque a la Iglesia es solo una consecuencia de esa lejanía de Cristo, o si no somos nosotros mismos, Iglesia, también un poco causa de ese distanciamiento.

martes, 5 de junio de 2012

Soluciones


Puede no ser inmediato. Puede tardar más o menos tiempo. Puede que sea una forma sutil y desapercibida, pero cuando sacamos a Dios de nuestras vidas nos encaminamos irremediablemente hacia el precipicio. Lento o rápido, pero inexorablemente.

En el Encuentro Mundial de las Familias de Milán, el pasado fin de semana, Benedicto XVI invitó de nuevo a la esperanza. Y no lo hizo con palabras nuevas. Ni con provocativos titulares. Lo dijo como siempre lo ha dicho la Iglesia, como lo aprendieron los primeros cristianos del propio Jesucristo: el amor “es la única fuerza que puede verdaderamente transformar el mundo”. La solución es el amor. ¿Hay algo más provocativo y radical? ¿Hay palabras que puedan sonar más nuevas en el mundo que vivimos? ¿Hay mayor grito de esperanza?

Esperanza, sí, porque en “amor” todos podemos ser ricos. Todos tenemos la inmensa capacidad de amar. Incluso hasta la muerte si fuera necesario, aunque muy pocos serían capaces de llegar tan lejos. Podemos amar. De verdad. Sin condiciones. Sin sombras. Sin dudas. Sin plazos. Sin dobles intenciones... ¡Y podemos ser amados! De hecho, lo somos. Dios entregó a su hijo por nosotros. Cada día, miles de personas a las que ni conocemos ni nos conocen nos aman a través de la oración. Cada minuto alguien, en este mundo, hace algo por nosotros. Somos amados... y podemos sentirlo.

martes, 29 de mayo de 2012

Verde blanco y negro


El sábado pasado me puse mi vieja pañoleta. No es una forma de hablar: tiene 30 años.

Para los que no lo sepan, la pañoleta es —materialmente— un triángulo rectángulo de tela con vetas de distintos colores en la franja que forman los dos catetos del polígono. Tanto el color de la tela de fondo como el de las franjas de color y su posición permiten diferenciar a un centro de otro. Y es que la pañoleta es un signo de pertenencia a un movimiento (Juniors) y a una parroquia concreta, además de símbolo del compromiso con Cristo y su Iglesia a través de aquél.

Les decía que me puse mi vieja pañoleta —de un centro que ya no existe, de una parroquia que ya no tiene ni templo debido, entre otras cosas, a la dejadez, la prepotencia, y la vacía voluntad de reparación de errores pasados— porque, como reza el lema de los juniors (siempre unidos), uno lo es para toda la vida, y porque el centro donde milita mi hija —que es otro, obviamente— estaba de fiesta grande.

Allí me tenían —no solo a mí, sino también a unos amigos que también fueron educadores del centro junior desaparecido del que les hablaba, y a mi mujer— con nuestras desgastadas pañoletas de fondo verde y franjas negra y blanca, rodeados de decenas de brillantes y nuevas pañoletas de fondo amarillo y franjas negra y roja... Lo cierto es que nuestra franja negra ya es gris y nuestro blanco ya no lo es tanto.

Quizá cogido por los pelos, observar mi pañoleta me hizo pensar.

martes, 22 de mayo de 2012

Privilegiados


Hay momentos y momentos. Días, temporadas, en los que te encuentras bien, a gusto con la vida y el mundo, y otras en las que prefieres no pensar para no tener que preguntar un porqué cuya respuesta quizá está demasiado cerca e intuyes que no va a ser de tu agrado. Nos cuesta darnos cuenta de que, en realidad, somos unos privilegiados.

Cuando todo nos va bien, somos privilegiados. No porque se cumplan nuestros deseos y expectativas, sino porque estamos en mejor posición para ayudar (amar) a los que lo necesitan y no les va todo tan bien.

Cuando todo va mal, también somos privilegiados. No porque cuando estás en el hoyo, tarde o temprano, solo se puede ir mejorando, sino porque estás en la mejor posición para ser amado... y sentirte amado.

Ése es precisamente nuestro mayor privilegio: nuestra fe en Dios. Dios que es Amor.

martes, 15 de mayo de 2012

Bueno, bonito y gratis


Parece que fue ayer... y ya ha pasado un año. En realidad, algo más, pero oficialmente, fue hace un año cuando quise hacer coincidir la fecha de publicación de la instrucción pastoral Communio et progressio cuarenta años atrás, con la puesta de largo y presentación en sociedad de una idea: poder ofrecer un lugar donde se pudiese recopilar y compartir la riqueza en forma de recursos pastorales que existe en nuestras parroquias, grupos y comunidades de todo tipo.

Pasado este año sólo puedo afirmar que el objetivo está lejos de agotarse. Quizá no toca, no sea el camino adecuado o, simplemente, no sea tan buena idea. A lo mejor sí se está cumpliendo, pero no como yo había pensado.

Lo cierto es que nunca me fijé metas en forma de número de visitas, colaboradores o contenidos. Pero aún así, las cifras cantan: casi veinte mil visitas en un año y un grupo de colaboradores entregado que no ha crecido, pero que ha cumplido sobradamente en algunos casos, o que sigue siendo eterna promesa, en otros. Gracias a todos y a cada uno.

Hace unos días no sabía explicar lo que quiero decirles. Disculpen, porque hoy tampoco sabré hacerlo. Los sentimientos, es lo que tienen...